Ya es demasiado tarde para hacer cualquier cosa. La noche es más corta que el día y sin embargo, contra toda estadística, es mucho más producente, por lo general. No esperaba escuchar unas palabras de apoyo y amistad. Cierto es que ha sido más una autobiografía que un coloquio. Pero me ha servido, por lo menos hasta que me acueste.

Me había dado cuenta antes de esas cosas, las sé aunque me las niegue. No es fácil ver como se queman las cartas que te escribes a ti mismo. Pero para eso encendí la hoguera.  Miro desde arriba y reconozco con facilidad lo que veo, pero no estoy tan seguro de que sea lo que yo creo que es.

Creo que es el momento de despertar. Ya pasó el invierno aunque siga haciendo frío. Estoy cansado de un futuro que no existe y me duele la espalda de arrastrar este pasado que me inventé. ¿Es la hora de vestirme y salir a la calle? espero que mañana no me entren de nuevo las ganas de sentarme en el sofá o si lo hago, que al menos sea con un libro en la mano.

Crecí demasiado pronto y ahora no hay marcha atrás. No puedes lanzar piedras a la ventana de la vecina, el destino es una vía de única dirección y el cambio de sentido más cercano está en la última salida.

No sé hasta cuando podré ir a la cocina y coger comida de la nevera. Hay demasiadas cosas que hacer que no hacemos nada. He conseguido hacerme suficiente daño, he destruido tanto de mí y he vuelto a construir encima que no sé si el edificio es el que está construido o el que se encuentra debajo. Tengo ganas de pensar, pero ¿en qué? Espero que no tener que descubrirlo.